Graciela y Ale

Пятница, Август 29, 2008 15:48

Для изучающих испанский язык.

“Сме??ливый” способ изучения языков признан одним из самых занимательных. Учим язык смеясь!

Graciela y Ale

—No te digo adi?s porque no quiero que te vay?s —dijo entre pucheros la peque?a Ale, cruzando enojadamente los brazos, mientras su pap? intentaba besarla. —Ale, decile adi?s a tu pap?, no se?s malcriada —repuso su mam?, sin poder evitar que sus ojos se humedecieran. Demi?n hab?a tomado la decisi?n de marcharse, dejando atr?s 7 a?os de matrimonio, y a la peque?a Ale, de 6 a?os, que se marchaba ahora a llorar sola a su dormitorio.

Demi?n hizo un cort?s adem?n hacia Graciela, le dio un beso en la mejilla, agarr? sus maletas y se enfil? al carro. Empezaba de nuevo, ahora al lado del gran amor de su vida que hab?a regresado seis meses antes y le hab?a vuelto a revolver todo el coraz?n. No hab?an ni Gracielas ni Ales ni ning?n poder del Cielo o del Infierno que impidiera su ida, ?l ten?a derecho a ser feliz, la sola idea de quedarse y hacerlas infelices era mucho peor. As? son los dictados del coraz?n.

Graciela lo acompa?? con la mirada desde la puerta, vio c?mo ?l met?a con desenfado las maletas y hasta silbaba una canci?n popular. Por m?s que los ?ltimos seis meses hab?an sido muy malos, no pod?a creer que su marido se fuera con otra y que nada de lo que hizo haya sido suficiente para retenerlo, que ni siquiera la Ale lo haya persuadido. Esper? a que el carro arrancara y se fuera y se lo qued? viendo hasta que cruz? la esquina en forma decidida y decisiva. Despu?s nos arreglamos para las visitas a la Ale, hab?a dicho un par de horas antes Demi?n.

Cerr? la puerta de la casa y se sent? en el sof? de la sala, sin atinar a pensar o hacer nada. Hab?a sido un matrimonio con sus problemas y sus buenos tiempos, no entend?a c?mo ahora regresaba alguien del pasado a arrebat?rselo as? de f?cil, as? de r?pido. Graciela observ? fijamente el florero de la mesa del comedor por varios minutos, el regalo de bodas Silvia, la odiosa hermana de Demi?n. Se levant? furibunda y llorosa, agarr? el florero y lo lanz? con todas sus fuerzas contra la pared, cayendo de rodillas al suelo, emitiendo un sordo y dolorido maullido de tristeza y desolaci?n. Y ah? se qued?, llorando sin consuelo. Las relaciones de a?os que acaban se lloran como a los muertos.

Ale escuch? en su dormitorio y asustada sali? hacia la sala, encontrando la triste escena: su mam? retorci?ndose del dolor en el suelo, de ese dolor de coraz?n que s?lo los dejados enamorados entienden. Con la mano derecha Ale se sacudi? las l?grimas, respir? profundo y se arrodill? a la par de su mam? y le dio un apretado abrazo. Ah? estaban las dos juntas llorando al hombre que las hab?a abandonado reci?n y que seguramente no volver?a m?s que para decir un hola apresurado y llevarse de paseo a la Ale los domingos, pero sin Graciela.

La noche las encontr? ya m?s aliviadas y fue Ale quien se acord? de comer. “Tengo hambre” le dijo a su mam?. Graciela prepar? una cena sencilla: huevos fritos y frijoles con pan y caf?. Comieron en silencio. Ale le pidi? a su mam? que la acompa?ara a dormir porque no quer?a dormir sola. “Yo tampoco”, pens? Graciela. Ale durmi? toda la noche mientras Graciela la pas? en blanco recordando escenas varias de su fallido matrimonio. Recordaba insistentemente un paseo por el lago de Atitl?n, en una fresca tarde, y de c?mo la hab?an pasado de bien. Esa tarde ?l estaba especialmente guapo, y todo a su alrededor resplandec?a. Hasta hab?a dicho el “te quiero” m?s memorable de la historia. Tan lejos parece aquel d?a ahora. Tan irreal.

Y as? fueron pasando los d?as y las semanas. Graciela nunca contest? sus llamadas, tomaba el tel?fono y se lo pasaba a la Ale, bendito identificador de llamadas. Fue mortificante verlo llegar los domingos por la nena, con la otra esperando afuera, en el carro.

Durante el d?a, entretenida en el trabajo y en los quehaceres de la casa, la cruz era llevadera. Lo jodido llegaba por las noches, ah? es cuando todo mundo se enfrenta a sus miedos y a sus demonios particulares. Cuando no hay ruido, cuando no hay gente, cuando todos duermen, los que sufren lloran, sin tregua. Las noches, para la gente que sufre de amores, son interminables y odiosas.

En el d?a procuraba mantener abierta siempre la puerta de su dormitorio, porque cuando estaba cerrada, parec?a que ?l estaba adentro.

Mientras tanto la peque?a Ale se enfrentaba la ausencia de papi, y a la tristeza de mami. Se quedaba llorando cuando su pap? la tra?a de regreso y se iba. “Mami arregl? la casa bien bonita”, dec?a a su pap?. “Mami y yo te vamos a querer para siempre, papi”. Demi?n respond?a sonriendo que ?l tambi?n, mientras tomaba la mano de Sof?a, su nueva mujer.

“Papi te quiere mami” regresaba diciendo, convencida. Y en su ingenuidad, tomaba las manos de sus dos padres y las juntaba, y dec?a “dale un beso a mami” y sonre?a cual cupido vencedor. Pero al rato todo se terminaba y ?l se iba y ellas se quedaban de nuevo solas.

Pero se sabe que conforme pasa el tiempo la tranquilidad llega. No llega para abarcar todo el espacio, llega en la dosis exacta para seguir aguantando la vida, y a veces, hasta se puede parecer bastante a la felicidad, si supi?ramos en verdad qu? es exactamente la felicidad. Porque hasta a los m?s enamorados se les acaba un d?a la luna de miel.

Un mes despu?s de la partida de Demi?n, Graciela y Ale se tomaron el fin de semana para ir a pasear y ver vitrinas. La que estuvo insistiendo para que salieran fue Ale, que no quer?a salir el domingo con su pap? y su bruja novia. Graciela acept? ir con ella, y para su sorpresa fue la primera vez que Graciela sonri? de verdad de nuevo y junto a la Ale, eran como dos amigas ri?ndose de cualquier tonter?a. All? ambas supieron que se ten?an la una a la otra y que el saber eso ser?a suficiente para continuar afrontando la vida.

En este punto de la historia es donde quisi?ramos dejar a Graciela y a la Ale seguir su camino. El autor de estas l?neas, sugiere, sin embargo, que el lector imagine un final hollywoodense si as? lo desea, por ejemplo: Graciela viendo vitrinas mira a un vendedor de autom?viles guapo que la corteja y se lleva bien con la Ale, y la ni?a, c?mplice, empieza a tirarle flores a su mam?, contando lo bien que cocina y lo buena gente que es. Despu?s de algunas citas y salidas a comer, el guapo vendedor de autom?viles le pide que sea su novia. Ambas (Ale y Graciela) aceptan de buena gana, y despu?s de un par de a?os de noviazgo, se casan y son felices. El lector deseoso de finales hollywoodenses, debe imaginar tambi?n que se casan en una ceremonia vistosa, en un jard?n precioso, que Demi?n asiste a la boda y la peque?a Ale es una de las damitas de honor. Luego el lector debe imaginar que sale un cartelito diciendo “The End” y una musiquita cursi con un mont?n de letras que nadie lee pero que son importantes porque dicen qui?nes participaron en la producci?n de la pel?cula.

El lector deseoso de finales felices debe terminar la lectura aqu?, en este preciso instante, so pena de terminar decepcionado.

A los lectores que se hayan quedado, les diremos que no hay mucho m?s que una historia com?n y corriente, de esas que hollywood y los escritores serios y formales desprecian: Graciela y Ale siguen viviendo su vida de solteras, pero resulta que Graciela es algo boba para los novios y la Ale siempre tiene que abrirle los ojos. Graciela en alg?n punto de su vida decide que ya se cans? de besar sapos y que no seguir? en la b?squeda de nada, sobre todo cuando se entera de que la peque?a Ale, que a los 16 a?os ya no es tan peque?a, est? embarazada. Pero esa es una historia que no vamos a contar aqu?, van a dispensarme.

Pero entonces, ?qu? pas? con el Demi?n este? se preguntar? el lector curioso que tiene la mala costumbre de querer saberlo todo. Por informaciones fidedignas nos enteramos de que tuvo tres hijos con el amor de su vida. Est? contento el hombre y envejece m?s o menos feliz, como todo el mundo, salvo por el peque?o detalle de un c?ncer en la garganta y alguno que otro amante que tiene su mujer.

?Ah, y eso es todo, usted no va a terminar en serio la historia?, pregunta una se?orita lectora por ah?. No se?orita, le vamos a responder, ya no hay m?s, aqu? no nos gusta terminar las historias de forma comedida, as? que por hoy se tendr? que conformar. Pero, es que. No se?orita, no siga insistiendo. Ala, pero. No, terminemos mejor con esto, que se alarga innecesariamente.

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